' el arroz civilizado'

La redención de las islas Filipinas contó, desde el principio, con el invalorable aporte de las damas de caridad.

Estas buenas almas, señoras de los altos funcionarios y de los jefes militares de las fuerzas invasoras, empezaron visitando la cárcel de Manila. Allí advirtieron que los presos estaban bastante flacos.. Cuando entraron en la cocina y vieron lo que aquellos desgraciados comían, se les cayó el alma a los pies. Era el arroz salvaje, típico de los pueblos primitivos: granos de todos los tamaños, opacos, oscuros, con cáscara, gérmen y todo.

Imploraron ayuda a sus maridos, que no se negaron a la buena acción. Y el primer barco trajo, desde los Estados Unidos, un cargamento de arroz civilizado, granos todos igualitos y descascarillados y pulidos y brillantes y blanqueados con talco.
Desde fines de 1901, los presos filipinos comieron eso. En los diez primeros meses, una peste enfermó a 4.825 y mató a 216.

Los médicos norteamericanos atribuyeron el desastre a algún microbio de esos que genera la falta de higiene en los países atrasados; pero, por las dudas, mandaron que las cárceles regresaran a la dieta anterior.
Cuando los presos volvieron a comer arroz salvaje, se acabó la peste.